Misiones, Monday 11 de May de 2020

Prof. Jorge Lozina         

            5.160 hectáreas, qué entre idas y vueltas, historia, reclamos, relevamientos, fotos, estudios, etc., y entrelazadas ambigüedades institucionales, se fueron convirtiendo en una zona, estratégicamente ubicada, pero enredada en la sordera y la oscuridad de una discusión con visos de no acabar, y siempre frente al país central, capaz de inventar cualquier artilugio para mantener organismos -que como la Administración de Parques Nacionales- siguen siendo ineficientes, anárquicos y deficitarios, pero “políticamente correctos

            Pero no quiero detenerme en los avatares de una discusión infructuosa. Me gustaría en cambio, avanzar en una propuesta que se coloque un paso más adelante del desafío de reconocer, que los temas críticos-ambientales de hoy, como los que afectan a Campo San Juan y otros espacios, deben ser reconocidos y dimensionados, aún más allá de los criterios unitarios o federales que persisten como rituales anodinos, para repensarlos como verdaderas barreras ecológicas, frente a los serios impactos ambientales y a las circunstancias climáticas, cuya adversidad sintomática está afectando los cimientos físicos y biológicos de toda la vida en la Tierra, donde conviven, quizás y hoy, la mayor cantidad de especies que se puedan imaginar en los 4.600 millones de años de existencia, …o eso es “políticamente incorrecto”?

Más allá aún, debemos ser capaces de pensar que pertenecemos al ecosistema Tierra, y deberíamos darnos cuenta de que, aunque no sea “políticamente correcto”, la profundidad de la crisis civilizatoria y ambiental no debe ser relativizada, porque está afectando la fragilidad de nuestra vida y supervivencia como especie, aunque debemos reconocer que el espíritu capitalista de “racionalidad depredadora”, ha logrado una especie de “fusión nuclear” entre globalización  y antropocentrismo, capaz de potenciar la idea de un hombre total, absoluto, dueño y centro de la naturaleza.

                Muchos estudiosos afirman que nos encontramos viviendo una nueva era geológica, la que el premio Nobel Paul Crutzen denominó “antropoceno” (del griego "anthropos", por humano, y "cene", que significa reciente), y tiene su correlato, en la modificación acelerada que el hombre está haciendo sobre la Tierra. Observemos críticamente un dato que es capaz de conmover: en los últimos 250 años, el hombre ha desgastado el planeta Tierra más que en los últimos 65 millones de años, y lo hicimos como si fuéramos dueños y señores, olvidándonos que como homos sapiens, aparecimos por último, casi como invitados, hace 160 mil años, en el Pleistoceno, o sea que somos los recién llegados a un proceso que tiene más de 4.600 millones de años, y que el impacto que hemos producido sobre la Tierra, es similar a los cambios que se produjeron en los miles y miles de millones de años anteriores. Este estado de las cosas, esta racionalidad-mecanicista, y técnica y científica de la modernidad industrialista, ha logrado transformar los recursos naturales en aras del consumo y de lo que, al decir del Papa Francisco, es el “descarte”. Mientras seguimos pensando que se trata de una evolución “filosófica ypolíticamente correcta”.

                Campo San Juan es una comunidad biofísica de pastizales, pajonales, aguadas y bosque bajo subtropical, que alberga una biodiversidad de relevancia. Además, enmarcada entre arroyos y el río Paraná, los que potencian los recursos genéticos de las especies nativas. Según información proporcionada por la EBY (Entidad Nacional Yacyreta), este predio, (…) “es una oportunidad de resguardo de información genética suficiente para responder a situaciones climáticas adversas, por ejemplo, de tolerancia al estrés hídrico o a temperaturas elevadas. Es en este punto en particular, donde la preservación de recursos fitogenéticos cumple una función social dado que el sustento de la vida humana es dependiente de ciertas plantas”. A esto debemos sumarle lo que agregan los estudios de la EBY, una importante cantidad de aves, reptiles y mamíferos que, y aunque se encuentran en proceso de lenta recuperación y regeneración por el tipo de selva secundaria, están poblando la zona y requieren de nuestro conocimiento, reconocimiento y protección. “políticamente auspicioso”.

                Ahora bien, en tiempos en que anualmente se pierden 15 millones de hectáreas de bosques y pastizales, de los cuales se reforesta menos de la mitad; que, de ellos, la mayor parte afecta a la selva subtropical; que, en ella existe la más variada biodiversidad; que, de esa biodiversidad se extinguen por año, unas 30 mil especies, casi 3 especies por hora que desaparecen de la tierra; que, se ha alterado el ciclo hidrológico y se continúan contaminando las aguas del planeta…, es importante repensar alternativas para fortalecer la protección de Campo San Juan, a partir de experiencias innovadoramente ventajosas, social, ecológicas y sustentables

Si a las actividades turísticas posibles, le sumamos el uso de los recursos productivos y la proyección comercial de las comunidades desplegadas permanentemente en la zona de influencia, estaríamos frente al desafío de sumar la inclusión de ellas en otro tipo de saberes y de destrezas.

                Deberíamos, para ello, considerar la alternativa de promover el establecimiento de un cordón productivo permanente, con estrategias y exigencias ecosistémicas controladas, pero con la posibilidad de ser rentables, a partir de la explotación de una franja geográfica determinada y que no afecte sustancialmente el núcleo del ecosistema.

                Para ello es importante, propiciar una relación que conjugue una amplia participación comunitaria en el diagnóstico situacional de la Reserva, una capacitación constante de los pobladores y sus oportunidades y proyecciones comerciales y turísticas, y la optimización de las líneas de acción enmarcadas en la protección del ambiente.

                La creación de un Centro de Interpretación y de Información de la Reserva, destinado a asegurar y promover la investigación y la referencia de los pobladores en los temas que le competen como protectores activos del medio, como así también, destinado a la realización de talleres de pesquisa y de relevamiento ambiental para alumnos de institutos educacionales, investigadores, vecinos y visitantes al lugar.

                Necesitaríamos contar con la reorientación de una parte de los créditos que otorga el Fondo de Crédito de Misiones, porque sencillamente, es imprescindible no sólo la rentabilidad sostenible de los proyectos comerciales, sino, y lo que es más importante, condiciones complementarias que aseguren, junto a las exigencias crediticias promocionales, un protagonismo comprometido en la protección del medio ambiente, por parte de los participantes del cordón socio-geográfico de la Reserva.

                Si tomamos en cuenta que, todos los años por acción o por omisión humana, se incendian grandes espacios de la Reserva y se resignan recursos ecosistémicos naturales por la acción depredadora, me parece importante comenzar a considerar otros términos en la relación con la naturaleza, donde los protagonistas seamos todos, pero fundamentalmente, aquellos emprendedores que tengan la posibilidad de radicar, en ese entorno natural, su proyecto de vida.

                Los emprendimientos deberían estar orientados a la producción ecológica, a partir de un cordón controlado de árboles frutales, de huertas ecológicas, de la elaboración de plantines de especies nativas, de la fabricación de productos artesanales y alimenticios, y de toda otra alternativa que no afecten el ambiente.

                Para avanzar en esta idea, será necesario pensar en una primera etapa, en la que el control desplegado sobre la zona de uso público y el apoyo y promoción de la producción, sean eficientes en la detección de zonas de degradación y en áreas sensibles a la acción humana dirigida a la cría de ganado, a la desforestación y a la caza indiscriminada. Sería de vital importancia pensar en la creación de un vivero de especies forestales a partir de semillas recolectadas en la Reserva.

                No podemos dejar de lado, en un plan de manejo, al turismo. Desde la implementación de un relevamiento satelital de espacios y recursos naturales, de senderos diseñados específicamente y compatibles con el cuidado del ecosistema, y -por supuesto- el fomento de actividades privadas en los espacios asignados, junto a la diversificación de las mismas para atraer a los visitantes, son algunas de las herramientas posibles.

                Para concluir, sería importante evaluar el desde dónde es posible lograr un manejo sostenible de la Reserva. Una alternativa sería la generación de un Comité integrado por representantes del Estado y entidades privadas comprometidas con el tema, otro, sería, la creación de una Fundación que específicamente se dedique a todo lo relacionado con la Reserva y las actividades llevadas a cabo en las zonas de incidencia. De cualquiera de las dos alternativas, deberían ser convocados aquellos propietarios de fundos limítrofes con la Reserva.

                Tal vez sea una idea más o una menos para ser discutida en los ámbitos correspondientes. Pero, lo concreto, es que estamos a tiempo de superar las distracciones de una discusión tan interminable como insustancial.

                Es tiempo de verificar en hechos el desafío de superar la pandemia con decisiones que vuelvan a colocar, tal como se ha hecho con otras Reservas de Misiones, a la naturaleza en el lugar de sujeto, no sólo de derechos, sino de garantía de buen vivir, superando el modelo individualista y fragmentario de la modernidad eurocéntrica, transgrediendo el concepto de progreso técnico reduccionista del mundo y cosificador de las relaciones naturales, y, lo más importante, la proyección de un modelo comunitario más libre, capaz de superar este modelo social y democrático de mercado, que se nos sigue vendiendo como “interminablemente correcto y único”.

                Francisco señala en Laudato Si: “Ante la posibilidad de una utilización irresponsable de las capacidades humanas, son funciones impostergables de cada Estado planificar, coordinar, vigilar y sancionar dentro de su propio territorio.” (…) “Los límites que debe imponerse una sociedad sana, madura y soberana se asocian con: previsión y precaución, regulaciones adecuadas, vigilancia de la aplicación de las normas, control de la corrupción, acciones de control operativo sobre los efectos emergentes no deseados de los procesos productivos, e intervención oportuna ante riesgos inciertos y potenciales…” Agrega: (…) “Hago una invitación urgente a un nuevo diálogo sobre el modo como estamos construyendo el futuro del planeta. Necesitamos una conversación que nos una a todos, porque el desafío ambiental que vivimos, y sus raíces humanas, nos interesan y nos impactan a todos.” Laudato Si – Carta Encíclica sobre el cuidado de la casa común – Ed. Santa María – Ciudad de Buenos Aires – Julio de 2015