Apostoles, Sunday 9 de June de 2019
 

“Hoy la biorremediación es una técnica en auge y es un tema de fuertes debates en la comunidad científica”, dijo Ana Tatarin, quien es licenciada en Genética y en su tesis de grado trabajó sobre la biorremediación en suelos mediante la acción de dos hongos 

Los problemas de contaminación son parte de nuestra vida cotidiana, tanto a nivel nacional como internacional, y constituyen uno de los ejes de debate de la comunidad científica.
La preocupación pasa por cómo se fueron degradando los ecosistemas del planeta, a consecuencia de la actividad industrial que causó serios problemas en el agua y los suelos. Sin embargo, en los últimos años, desde la academia se ahonda en líneas de investigación para remediar esa situación.
Una de ellas es la biorremediación, un proceso que utiliza microorganismos, hongos, plantas o enzimas derivadas para sanear los sitios que están contaminados y, de esa forma, recuperar casi en su totalidad un espacio que fue dañado por la acción del hombre. Entre sus principales características está el aprovechamiento de los mismos recursos naturales con el objetivo de erradicar los elementos dañinos.
Esta línea de investigación es una de las tantas que se abordan en el Instituto de Biotecnología Misiones (Inbiomis) Doctora María Ebe Reca, ubicado en inmediaciones del Campus de la Unam, con antecedentes de más de diez años de trabajos que buscan paliar los efectos de la contaminación.
“Hoy la biorremediación es una técnica en auge y es un tema de fuertes debates en la comunidad científica”, dijo Ana Tatarin, quien es licenciada en Genética y en su tesis de grado trabajó sobre la biorremediación en suelos mediante la acción de dos hongos capaces de degradar determinados contaminantes.
Actualmente incursiona su beca doctoral del Conicet en el Inbiomis, con el objetivo de ahondar en su investigación en este proceso, que es uno de los temas principales de debate en el ámbito científico.
“En Misiones tenemos la particularidad de que tenemos hongos que contienen enzimas específicas que actúan en la degradación de contaminantes, y son hongos que no existen en otras partes del mundo”, dijo Tatarin.
El Pycnoporus sanguineus y el Pleurotus sajor-caju son las dos especies que empleó la investigadora en sus estudios, ya que se tratan de hongos llamados de pudrición blanca, que degradan la madera de los árboles y que también sirven para su empleo y combate de algunos contaminantes.
Sin embargo, la búsqueda ahora pasa por un hongo que pueda contrarrestar los daños que causa la presencia del cromo en la tierra.

Conocer el suelo
La Tierra Colorada tiene rasgos particulares en su suelo. Para lograr el efecto de descontaminación, Tatarin comentó que previo al trabajo de campo es fundamental conocer las características del suelo a analizar.
Compuestos físicos y químicos, PH, materias orgánicas, especies que viven allí son algunas de las previsiones que tienen que tener en cuenta los investigadores a la hora de salir de los laboratorios para estudiar el suelo.
Luego comienza el estudio y el proceso de determinar qué tipo de elementos aquejan al suelo.
“Una de las características que tiene el suelo misionero es la presencia alta de aluminio, carbono y fósforo. Lo más peligroso radica en la presencia de aluminio, que causa serios problemas para los productores”, detalló.
Además, otros de los factores claves a tener en consideración es la temperatura y la humedad que influyen en el ambiente.
Después de esos estudios, llega el momento: el análisis en laboratorio.

Una experiencia remediadora
Para lograr su título de grado, Tatarin profundizó en la biorremediación como un proceso clave en la recuperación de suelos contaminados.
Previo a su trabajo final, rememoró la incursión de ensayos de este tipo pero en medios líquidos.
“Con la tesis, fue la prueba en el suelo, in situ”, afirmó. Fue, durante 90 días, el transcurso del trabajo duro de la investigación, en el que empleó dos técnicas específicas, como el agregado de organismos -bioaumentación- y la incorporación de nutrientes -bioestimulación-, en un suelo contaminado.
El resultado: tierra apta para el cultivo nuevamente. “Como conclusión arribamos a que se disminuyó ampliamente su toxicidad, hicimos una prueba con plantaciones para ver si, efectivamente, el suelo volvía a quedar apto para el cultivo y fue así”, afirmó.
Además, añadió que el suelo analizado erradicó en más del 90 por ciento todos los componentes tóxicos y reforzó a la biorremediación como un proceso clave para recuperar los espacios dañados.
“Comparé con otro suelo que estaba contaminado y las plantas no crecían, como así también carecía de movimiento de especies. Ese control, que lo llamamos control de calidad, es importante para dar cuenta de que el proceso fue exitoso”, dijo la investigadora.

Compromiso con el futuro
En los próximos años, y en el contexto del desarrollo de su doctorado, Tatarin estará en la búsqueda de un hongo que sea capaz de remediar los efectos del cromo en el suelo, particularmente del tipo 6, que es el que mayor daño causa al medio ambiente.
“El cromo es un elemento que liberan las industrias y queda retenido tanto en el agua como en el suelo. Causa mucha contaminación en las plantas y animales. Eso, por ejemplo, llega a los peces y puede pasar a los humanos si se los consume. En consecuencia, puede generar cáncer en el humano y queda en el suelo retenido por años”, detalló.
Es por ello que consideró que la biorremediación es la técnica clave para generar cambios y sanear los espacios que fueron contaminados.
Si bien los estudios que se realizan son a escala de laboratorio, los próximos pasos son en la aplicación de espacios más grandes.
“En los próximos años de investigación iremos en la búsqueda de un hongo que se encuentra en nuestra provincia y que sus componentes sean resistentes al cromo”, adelantó la licenciada en genética.
Consideró que los resultados a los que arribará serán de vital importancia para seguir profundizando en los estudios para lograr contrarrestar los efectos negativos del medio ambiente, como así también fomentar la comunicación para que la utilización de la biorremediación llegue a otros espacios, como en el ámbito agropecuario, uno de los sectores más afectados por la contaminación en la era industrial.
“Hoy en día, las industrias deberían tener como una política la biorremediación para disminuir todos esos niveles de contaminación que ellos mismos generan”, enfatizó.
“Hay un compromiso muy grande, tanto de la comunidad científica como de la sociedad en general, para lograr un futuro mejor y es ahora el tiempo para conseguirlo”, concluyó Tatarin.

 

Natural y económico

Tatarin comentó que son varias las técnicas que se emplean en el afán de lograr mejorar el medio ambiente.
La particularidad de la biorremediación es que se utilizan los mismos recursos que provee la naturaleza y que es un trabajo económico.
“Todos los insumos que necesitamos para el saneamiento los encontramos en nuestra cotidianeidad. Los hongos son silvestres, pero por la particularidad del suelo tienen una característica que permite combatir y recuperar el suelo”, precisó.
Añadió también que gracias a los convenios que tiene la universidad con otros institutos, los investigadores se limitan a la toma de la muestra. Sin embargo, enfatizó que el trabajo de campo de los suelos contaminados requieren de una serie de recaudos para evitar problemas en la salud de los científicos.